Lo habitual estos días es que escuches una y otra vez sobre pedir.

Pedirle al año que sea bueno y abundante con uno mismo,
pedirle que traiga cumplidos nuestros deseos y cosas parecidas.

Hacer planes y planes con voluntad porque este año seguro que sí, que funciona.

Deseos, metas, peticiones… como si el universo se plegara a uno mismo.

La realidad es que lo que el 2022 sea y «traiga», está más allá de las peticiones del pequeño Homo Sapiens que habita en nuestra cabeza.

Lo que sí está en nuestras manos, es DAR.
Funciona mucho mejor que PEDIR.

Tranquilo, que:

  • No hablo de ser un bobo o un tonto dando, dando y dando.
  • Tampoco hablo de buenismo, ni de separar el mundo y la sociedad en «los buenos y los malos», tan habitual.
  • Ni tampoco de dar de lo que uno no tiene.
  • Ni por supuesto de dar para llamar la atención del otro y así que me escuche y valore.

Hablo de recuperar la naturaleza bondadosa de uno, algo que a algunos les chirría escucharlo porque temen ser ultrajados o algo parecido, o incluso les asusta reconocer que son sensibles.

Lo cierto es que científicamente sabemos que es así. Somos bondadosos por naturaleza con nuestros iguales. De ahí que el problema sea distinguir quienes son nuestros iguales y quienes consideramos «diferentes».

DAR es una buena estrategia.

Suelo usar este formato: dar primero, dar mucho y luego observar.

Si no das primero y solo das porque te dan ocurre que esa actitud de espera no abre precisamente muchas puertas ni confianza. No emerge de ti generosidad espontánea nunca. Conocerás a personas así. Invitan a la segunda ronda, pero nunca a la primera.

Si por el contrario das mucho, eres visiblemente generoso y marcas cómo es el cariz de una relación.

Y ahora hay que esperar y observar, porque dar indefinidamente sin observar es tan nocivo como no dar nada y andar pidiendo, pidiendo y pidiendo.

De hecho fíjate que gran parte de los problemas actuales siguen en la esfera del Dar – Recibir. Lo veo año tras año y trabajando con personas una y otra vez parte de su sufrimiento está aquí.

Algunos ejemplos:

Muchos ciudadanos creen que el Estado no les devuelve en la misma cuantía que ellos dan, y por tanto se sienten engañados. Eso les impulsa a no solo perder la confianza en las instituciones, sino también en ocasiones a validar el engaño, el nepotismo o el ultraje (si ellos lo hacen… yo también).

Muchos trabajadores o empresarios sienten algo parecido. Su esfuerzo y dedicación no es recompensada. Lo que dan no es devuelto en la misma intensidad. Aparecen las tensiones, rencillas y problemas. Es más hay quienes piden y piden… pero no ofrecen dar y dar. O exigen y aprietan, pero no ofrecen dar. Desequilibrio evidente.

Con los amigos sucede algo parecido. Hay quienes sienten que el nivel de compromiso o de compartir no está equilibrado y ese que puso casa, música y comida se aburre de dar, dar y dar… y de no conocer las viandas cocinadas por su vecino.

En las parejas y familia también sucede. Ese hijo que siente que cuida más a sus padres que sus hermanos, ese padre que siente que no todos sus hijos participan por igual, esa pareja que se agota de encargarse sola de determinadas tareas mientras otro se tumba y un largo etcétera.

También existen personas que no quieren recibir mucho sino más bien poquito. Sea porque no tienen para dar, sea porque se sienten mal recibiendo, sea porque prefieren relaciones funcionales y utilitarias en vez de basadas en sentimientos genuinos. Si les damos indefinidamente se sienten tan en deuda que se abruman. Conviene observar eso.

Esta no es una idea loca de Jose. Es más bien un reflejo del funcionamiento de nuestro cerebro social. Los humanos han colaborado históricamente con su endogrupo y se han defendido del exogrupo. Hemos evolucionado a través del altruismo recíproco, la hiper cooperación y el equilibrio sano entre el dar y el recibir. De hecho las religiones fueron incorporando algunos de estos elementos, que ya estaban presentes en el Sapiens, a medida que la complejidad social crecía.

Quienes se saltaban ese equilibrio se exponían a numerosos riesgos: podían ser castigados o despojados de su poder, en ocasiones abruptamente.

Y es que el DAR es innato en nosotros. De hecho cuidamos de nuestros bebés e hijos dando y dando… tacto, atención, palabras, abrazos, ternura, tiempo, escucha. Neurocientíficamente sabemos del poder de todo eso: cómo el tacto alivia dolores y stress, como las palabras nos permiten reconsiderar posturas y tomar perspectivas, cómo la escucha y la atención nos hace sentirnos mejor.

Cuando damos primero, damos mucho y después observamos nos damos cuenta del nivel de reciprocidad y empatía del otro. Esto nos permite seguir amando, porque hay mucho que amar, pero no siempre en el mismo lugar si éste resulta ser un desierto. De modo que busca bien donde te quieren y valoran, después de dar.

De esta manera la naturaleza bondadosa de uno puede mantenerse y crecer, sin ser bobo, ingenuo o tonto.

Que puedas DAR el primero, DAR mucho y que observes después qué sucede y quién responde en 2022.

Yo te doy esta reflexión, neurocientífica y evolutiva, y te deseo lo mejor en el año que empieza, con humildad en las luces y sobriedad en las sombras.

¡Feliz 2022!

Abrazos,
Dr. Jose Sánchez

Un comentario

  • Susana dice:

    Precioso. Dar, abrirse a dar y luego observar, observar dónde es bien recibido y alimentar esa relación 🙌
    Gracias José. Feliz 2022! Y brindo por esa humildad en las luces y sobriedad en las sombras 🥂

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