Raymond Burke es un cardenal estadounidense tristemente conocido por su posición antivacunas COVID-19 y reconocido conspiracionista de los “chips 5G”.


Sus creencias son aparentemente muy fuertes y firmes y utilizo su ejemplo para ilustrar el poder de nuestras creencias… algo que una y otra vez nos aparece en numerosos mensajes.
Conviene ser cautos (es decir, inteligentes 🙂 ).


Y es que Burke está ahora mismo hospitalizado en UCI por COVID 19 y me temo que sin chip.

Ojalá se recupere pronto como enfermo que es pero lo importante aquí es darnos cuenta de que:

la creencia, por fuerte que nos parezca, no necesariamente es la realidad.


Veo cada día cómo se tiende a creer… que si crees en algo lo vuelves verdadero. De ahí a sentirse inmune, nunca mejor dicho, poderoso, o único va un pequeño paso.


El caso es que al virus, a la vida, al karma si lo quieres llamar así, le importan un comino tus creencias.
Que creas que ya tienes bienestar si no lo vives es hacer el Burke. Que creas que el año que viene ya te pones a cultivarte si eso es parecido.


Es mucho más inteligente centrarte en tus hábitos y menos en tus creencias.

No es lo que dices, ni lo que pareces, ni lo que crees, ni tus intenciones… es lo que haces.
Y para lo que haces el cerebro tiene una estructura muy fuerte y arraigada para mantenerlo y no es nada fácil cambiar esa tendencia. ¿O acaso consigues levantarte temprano cuando te lo propones, bajar de peso o aprender inglés sin más?

Por eso para quienes no se conforman ni necesitan 8 semanas solo… sino un camino de verdad en el que toca también subir y bajar, días de sol y de lluvia, pero sobre todo aprender e integrar, nos centramos en hábitos… no en creencias, ideas o teorías personales.


Ya me has oído mil veces que lo de 21 días es creencia, bueno es un engaño pero no se dice.
Los hábitos son algo mucho más serio.


Yo no empiezo por los saludables, empiezo por los de felicidad que son los que aseguran el resto.

Y lo hago sin creencias, no las necesito. Prefiero la neurociencia como aval.

Ni te puedes imaginar lo sereno que es no necesitar creer… esa tensión de mantener una idea fija, ese stress de mirar para otro lado cuando los datos no encajan, ese rechazo a lo que no sea mi creencia… se va para siempre.
Los hábitos habituales de las personas no son de felicidad sino de stress, preocupación, angustia y altibajos ante pequeños estímulos. Las personas no tienen la culpa: genes, educación y cultura hicieron su aquel… por eso quien fluye… suele fluir a sus hábitos y éstos no son los de un santo sino los de alguien con stress.

La solución a eso son los Hábitos de felicidad que empiezan ya.

O quizá prefieras lo del Chip, te haces un Burke y pongas en riesgo tu vida, lo creas o no…

Abrazos,
Dr. Jose Sánchez

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